
Buscando culpables
Los roles del tesista, asesor y corrector de estilo en la publicación de un trabajo de investigación.
CORRECCIÓN DE ESTILOTRABAJOS DE INVESTIGACIÓN
Zulema Aimar Caballero
3/9/20263 min read
Es sabido que el proceso de elaboración de un trabajo final de grado es “todo un tema”. En cualquiera de sus modalidades —monografía, tesina, tesis, ensayo, estudio de caso— requiere tiempo, creatividad, astucia y un desgaste de adrenalina vital que, para muchos, ocurrirá solo esa vez en la vida. Personalmente, soy de los que han llegado a preguntarse si habría vida después de la tesis. Tal vez, descubrir que sí la había fue un disparador para alentar a otros a no bajar los brazos en los momentos más difíciles de este bendito proceso.
Elegir el tema, plantearse propósitos, optar por una metodología, presentar hipótesis, analizar, realizar pruebas, demostrar, concluir y, encima, pensar en las recomendaciones para futuras líneas de investigación es demasiado… Muchos dirían que no hay cuerpo que lo aguante.
Lo peor es que cuando por fin el alumno cumplió con todo esto, se da cuenta de que está frente a un nuevo comienzo: es el momento de redactar —para muchos, una pesadilla—, insertar correctamente las citas y referencias que se hayan utilizado y dar el formato exigido por la institución educativa.
No todos tienen la capacidad de redactar coherentemente; no todos saben redactar un trabajo académico. Incluso el asesor de tesis puede carecer de este don o, simplemente, no contar con sentido común para dejar el texto en manos de quien porta las herramientas necesarias para hacerlo. Por eso, en la mayoría de los casos, es el mismo asesor quien recomienda al alumno derivar su escrito a un corrector de estilo.
Por experiencia personal, en esta etapa, la mayor virtud es la paciencia. Sin ser un trabajo en equipo propiamente dicho, por convención, las tres partes deben colaborar a partir de un diálogo productivo en aras de que el resultado sea un trabajo académicamente impecable y digno de publicación.
La situación se complica cuando no hay diálogo o este no es claro, cuando los tres actores —alumno, asesor y corrector— desconocen sus roles y el alcance de la tarea de cada uno o cuando, aun conociéndolos, no pueden abandonar el papel protagónico. Y, si el alumno se encuentra en un fuego cruzado entre el asesor y el corrector de estilo, el desasosiego será aterrador.
El verdadero y único protagonista es el alumno. Un protagonista que solicita ayuda para plasmar su documento en un texto legible y bien presentado, escrito con la corrección necesaria para que un lector pueda entender lo que está leyendo.
En mi profesión, he visto —y sufrido— toda clase de inconvenientes nacidos, precisamente, del desconocimiento de que cada involucrado —alumno, asesor y corrector de estilo— aporta desde su especialidad, y la buena articulación de la tarea de cada uno determinará, en gran medida, la calidad final del proyecto académico. (Algunos de los inconvenientes mencionados se detallan en otro artículo de este blog). Si esos roles no están claros, toda la etapa final del proceso se transformará en una cacería de brujas, buscando un culpable que nunca aparecerá.
El asesor de tesis es el guía intelectual del proceso. Su función no es hacer el trabajo por el estudiante, sino orientarlo, cuestionarlo y ayudarlo a delimitar su tema, formular el problema de investigación, definir la metodología y sostener la coherencia teórica del estudio. Un buen asesor acompaña, sugiere lecturas, plantea observaciones críticas y fomenta la autonomía del tesista. Además, vela por el rigor académico y ético, asegurándose de que la investigación cumpla con los estándares científicos exigidos por la institución.
El alumno es el protagonista del proceso. La tesis es una obra de su autoría, un ejercicio de responsabilidad, disciplina y compromiso personal. El estudiante investiga, redacta, analiza datos y responde a las observaciones de su asesor. Más allá de obtener un grado académico, el alumno desarrolla habilidades como el pensamiento crítico, la organización del tiempo y la capacidad de argumentación. La actitud del tesista es determinante: la apertura a la crítica, la constancia y la disposición para mejorar marcan la diferencia entre un trabajo superficial y uno sólido.
El corrector de estilo cumple una función complementaria, pero esencial. Su tarea no consiste en modificar el contenido ni alterar las ideas del autor, sino en mejorar la claridad, coherencia y precisión del texto. Revisa aspectos gramaticales, ortográficos y de redacción, cuidando que el lenguaje sea adecuado para el ámbito académico. Un texto bien escrito no solo transmite mejor las ideas, sino que también refleja profesionalismo y seriedad.
La relación entre asesor, alumno y corrector de estilo debe basarse en el respeto y la comunicación clara. Cuando existe coordinación entre ellos, la tesis no solo alcanza un nivel académico óptimo, sino que también se convierte en una experiencia formativa enriquecedora para el estudiante.
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La traducción de la séptima edición del Manual de publicaciones de la APA se ha realizado con el propósito de apoyar a estudiantes y profesionales en la presentación de sus trabajos de investigación.
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